Sábado 23 de Enero de 2021

GENTE

20 de julio de 2016

Ser amigos, una cuestión de antigüedad

Los filósofos de otros tiempos reflexionaron sobre este vínculo que une más allá de los lazos sanguíneos.

La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”.
Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.

Ya, Aristóteles, filósofo griego del 384 A.C. afirmó desde el principio que la amistad es una de las virtudes más necesarias para la vida y que “sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera los demás bienes, porque la prosperidad no sirve de nada si se está privado de la posibilidad de hacer el bien, la cual se ejercita, sobre todo, respecto de los amigos. Asimismo, en los infortunios se considera a los amigos como único refugio”.

También sostuvo que la presencia de los amigos en la buena fortuna lleva a pasar el tiempo agradablemente y a tener conciencia de que los amigos gozan con nuestro bien”. Por eso debemos invitarlos a nuestras alegrías porque es noble hacer bien a otros, y rehuir invitarlos a participar en nuestros infortunios, pues los males se deben compartir lo menos posible. Con todo, debemos llamarlos a nuestro lado cuando han de sernos de ayuda, y recíprocamente está bien acudir de buena voluntad a los que pasan alguna adversidad aunque no nos llamen, porque es propio del amigo hacer bien, sobre todo a los que lo necesitan y no lo han pedido, lo cual es para ambos más virtuoso.

Aristóteles expone tres clases de amistad. En cada una de ellas se da la reciprocidad, ya que sin algún tipo de reciprocidad, la amistad es imposible.

1. La primera clase es la amistad perfecta, que se da entre los hombres buenos e iguales en virtud, ya que éstos quieren el bien el uno del otro en cuanto que son buenos, y son buenos en sí mismos. Esta clase de amistad es la más permanente. Con todo, estas amistades son raras porque tales hombres son pocos y, además, requieren trato, pues sin él, no cabe el conocimiento mutuo.

2. La segunda clase de amistad es la de aquellos que se quieren por interés, es decir, no por sí mismos, sino en la medida en que se benefician en algo los unos de los otros.

3. La tercera clase de amistad es la de los que se quieren por el placer. Por tanto, en los que se quieren por interés, la amistad obedece al propio bien; y en los que se quieren por el placer, a su propio gusto.

Es claro que estos dos últimos tipos de amistad son imperfectos, y por eso fáciles de disolver: cuando ya no son útiles o agradables el uno para el otro, la amistad desaparece.

La reclamaciones y reproches son propias de la amistad por interés. En cambio, en la verdadera amistad no se dan. Por eso, el que aventaja al amigo en el beneficio prestado, no se lo echará en cara, ya que los dos procuran el intercambio de bienes. De las dos últimas maneras pueden ser amigos entre sí hombres malos, porque los malos no se complacen en sí mismos si no existe la posibilidad de algún provecho o placer.

La virtud del amigo consiste en querer. Por eso los aduladores no son verdaderos amigos, ni tampoco los que buscan el propio provecho. La esencia de la amistad reside en el compartir, en el conversar y en el compenetrarse. En ella el hombre se encuentra en la misma relación respecto al amigo que consigo mismo. Por eso Aristóteles sostiene que el amigo es otro yo, idea que repite Cicerón. Son incompatibles con la amistad la adulación, la zalamería y el servilismo, pues son contrarios al amor a la verdad.

Según Santo Tomás de Aquino, teólogo y filósofo católico, la amistad es otra de las experiencias que más nos hacen integrarnos a la vida social. Hay muchos grados en la amistad (desde el amor más espiritual hasta el más carnal, desde el amor más utilitarista hasta el más honesto, desde el de los familiares hasta el que se tiene por los extraños), pero la simple y rudimentaria inclinación a reunirse comunitariamente es ya un tipo de amistad o de amor entre los seres humanos.

En la línea de Aristóteles, Santo Tomás ve a la amistad o al amor como una característica del ser social. Brota del hombre como instinto de su propia naturaleza, pero se realiza según la inteligencia y la voluntad, es decir, conforme a la razón. La amistad no es de suyo una virtud, pero necesita de las virtudes para darse; sólo cuando se trata de la amistad como amor de caridad, entonces puede verse como una virtud. Cuando se quiere tener una amistad auténtica, ésta tiene que fundarse en la virtud para ser amistad perfecta. En todo caso, la amistad inclina a la sociabilidad y al mismo tiempo va permitiendo y orientando la correcta vida social.

Conclusión:

La celebración del día del amigo cada año nos da la posibilidad de reflexionar sobre la amistad, y su significado. Por ejemplo quién es simplemente un conocido y quién o a quiénes pueden recibir el título de “verdaderos amigos”.

La tecnología y las redes sociales hacen que llamemos amigos a quienes en realidad no lo son, solo comparten con nosotros cantidad de contenidos virtuales que se auto-comparten y se viralizan de una manera que todo queda licuado en el ciberespacio y vaya uno a saber dónde terminan. Este tipo de vínculo distorsiona la verdadera virtud de la amistad y la desprecian.
Es importante generar vínculos verdaderos “sólidos” y no “líquidos”, tal como afirma el sociólogo Zygmunt Bauman, que duran por muy poco tiempo y que nada nos deja y reducen la amistad y las relaciones a una especie de asociación “por conveniencia”.

COMPARTIR:

Notas Relacionadas