Viernes 27 de Noviembre de 2020

MUNDO

2 de enero de 2014

"Fuerza, coraje y esperanza para el nuevo año" es lo que pide Francisco

El Sumo Pontífice ofició la primera misa del año 2014 en la plaza de San Pedro, donde miles de fieles siguieron sus palabras. Francisco afirmó que más que nunca es significativo volver a escuchar "palabras de fuerza, de coraje, de esperanza", en las lecturas bíblicas de hoy, en particular de la "antigua oración de bendición que Dios sugirió a Moisés"

En la primer celebración del 2014, el Papa Francisco inició el año con una misa en la basílica de San Pedro, en el Vaticano, frente a la presencia de miles de fieles que escuchaban atentamente sus palabras.

Con un fuerte contenido social, Francisco afirmó que más que nunca es significativo volver a escuchar "palabras de fuerza, de coraje, de esperanza", en las lecturas bíblicas de hoy, en particular de la "antigua oración de bendición que Dios sugirió a Moisés".

Además, resaltó que estas palabras "no inspiran una esperanza ilusoria, basada en las frágiles promesas humanas; ni siquiera una esperanza ingenua que imagina mejor el futuro simplemente porque es futuro; es una esperanza que tiene su propia razón en la bendición de Dios, una bendición que contiene el augurio más grande, el de la Iglesia a cada uno de nosotros, lleno de toda la protección amorosa del Señor, su providente ayuda".

Durante la homilía, el Papa confió a la Virgen María "la sed de justicia y paz" del mundo entero.

Además advirtió que "la crisis actual, con graves consecuencias para la vida de las personas, puede ser, sin embargo, una ocasión propicia para recuperar las virtudes de la prudencia, de la templanza, de la justicia y de la fortaleza".

"El hecho de que las crisis económicas se sucedan una tras otra debería llevarnos a las oportunas revisiones de los modelos de desarrollo económico y a un cambio en los estilos de vida", sostuvo, en su discurso titulado La fraternidad, fundamento y camino para la paz , en el que exhortó a los jefes de estado, sobre todo de los países más ricos y favorecidos, a ayudar a los países menos desarrollados.

Finalmente resaltó, "Pablo VI afirmaba que no sólo entre las personas, sino también entre las naciones, debe reinar un espíritu de fraternidad. Este deber concierne en primer lugar a los más favorecidos”.

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