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6 de junio de 2021

Roberto Aizenberg, el artista federalense que exploró el arte metafísico

Pintor y escultor de proyección internacional, Roberto Aizenberg exploró las posibilidades metafísicas del arte, junto a grandes artistas visuales de nuestro país. Nació el 22 de agosto de 1928 en Federal, provincia de Entre Ríos. La familia, inmigrante de origen judeo-ruso, se mudó al barrio porteño de La Paternal, cuando Roberto tenía ocho años.

En nuestro país, el surrealismo comenzó en los años 30 con la introducción de obras realizadas por Antonio Berni, Lino Spilimbergo, Xul Solar y los catalanes José Casas Planas y Juan Batlle Planas, entre otros. También formó parte del Grupo Orión, compuesto por artistas visuales y escritores como Ernesto B. Rodríguez, Luis Barragán, Bruno Venier, Alberto Altaleff, Antonio Micheli, Ideal Sánchez, Orlando Pierri, Vicente Forte y Juan Fuentes

Con un gran interés por la pintura, su formación artística comenzó como dibujante en los años cuarenta. Fue discípulo de Antonio Berni y Juan Batlle Planas, quien en los 50 lo introdujo al que sería su lenguaje de experimentación: el surrealismo. En concreto, le interesó el automatismo.

Su educación secundaria transcurrió en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Ya en 1958, el artista realizó su primera exposición individual de dibujos y collages en Galería Galatea.

Definición de un estilo
En 1960, Aizenberg formó parte de la Primera exposición internacional de arte moderno en el actual Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Al año siguiente su obra fue incluida en una gran muestra de arte argentino contemporáneo, organizada en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro. Dos años después, participó de la cuarta edición del Premio Nacional de Pintura Torcuato Di Tella, e integró el envío argentino a la Bienal de San Pablo.

El artista realizó más de veinte exposiciones individuales y participó de incontables exposiciones colectivas. En 1969, el Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella organizó una exposición retrospectiva de Aizenberg, en la que se incluían obras realizadas entre 1947 y 1968: pinturas, dibujos, collages y tres esculturas en madera. La muestra finalizó abruptamente tras el estallido de una bomba

Los años del exilio
Ante el advenimiento de la dictadura militar, Aizenberg residió en París de 1977 a 1981. Su pintura, que oscilaba entre lo quinético y lo metafísico, fue muy reconocida en Europa. Vivió en Italia, primero en Tarquinia hasta 1982 y en Milán hasta 1984, año en el que regresa a nuestro país.

Durante los años siguientes, ejerció como profesor de pintura, en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón; dictó seminarios en la Escuela Nacional de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova y otras instituciones.

Proyección internacional
Algunas de sus exhibiciones más destacadas fueron en la Hanover Gallery de Londres y Suiza, en 1972; la Galería del Naviglio de Milán, en 1982; la CDS Gallery de Nueva York en 1992 y el Museo Nacional de Estocolmo en 1989

Sus obras se encuentran en algunos de los museos más importantes de Estados Unidos, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el Jack S. Blanton Museum of Art, de Texas.

“Ser surrealista significa sentir –de un modo tremendo– el impacto de la existencia, desarrollar virtudes de visionario y perseguir a través de una paciente labor artesanal una constante indagación del conocimiento humano” (Página/12, Suplemento Radar, «Bobby vuelve a casa», María Gainza, 2003).

Aizenberg por
Aldo Pellegrini, crítico de arte, poeta y ensayista, reflexionó sobre la obra del artista en el texto curatorial Aizenberg, escrito para la muestra retrospectiva de 1969 en el Instituto Di Tella. Algunas de sus definiciones fueron:

“Los cuadros de Aizenberg nos presentan una verdadera coagulación del silencio; esa sensación de profundo silencio que también emana de algunos cuadros de la época metafísica de De Chirico. (…)”.

“(…) Aizenberg estudió minuciosamente el lenguaje de su arte para alcanzar con su material de signos, el dibujo y el color, esa difícil zona de comunicación integral que es la aspiración de todo artista”.

“Hay un motivo que domina en toda la obra de Aizenberg, representado por construcciones casi abstractas, de conformación ortogonal o poliédrica, frecuentemente en forma de torre, con ventanales repetidos en serie y desprovistos de toda ornamentación”.


María Gainza, crítica de arte y escritora escribió en 2003 para Página/12 el artículo «Bobby vuelve a casa», con motivo de la exposición del artista en la Galería Ruth Benzacar, en el cual afirma:

“No importa el rótulo que se le ponga, (…) no bien creemos reconocer las sombras alargadas y los maniquíes que lo emparientan con De Chirico, se nos aparecen los biomorfismos de Dalí o los arlequines de Max Ernst”.

“Indiferente a las modas, Aizenberg comenzó a pintar a comienzos de los años cincuenta, al tiempo que el informalismo irrumpía en la escena internacional (…)”.

“Utilizaba el método del automatismo psíquico aprendido de su maestro Batlle Planas en una primera etapa del trabajo, cosa de hacer aparecer la imagen interna sin la intervención reguladora de la razón. Así, el pintor se volvía el receptor del máximo de información con el mínimo de interferencia”.


Sus galardones
En 1970, ganó el prestigioso premio Cassandra Fundation, cuyo directorio estaba constituido por artistas como Max Ernst, Man Ray y Barnett Hodes. Recibió además el Premio Konex-Diploma al Mérito en Artes Visuales en 1982, por el quinquenio 1987-1991 y, en 1992, en la categoría Pintura Surrealista.

Su legado
Aizenberg conoció en 1967 a su mujer, Matilde Herrera, poeta, escritora y periodista del semanario Primera Plana, quien tenía tres hijos de su anterior matrimonio y a quienes Aizenberg adoptó como propios. Todos ellos fueron secuestrados durante la última dictadura militar.

Herrera, luego del exilio, se convirtió en una Abuela de Plaza de Mayo que luchó por saber la verdad acerca de sus hijos y nietos. En 2003 se realizó una escultura de bronce que está emplazada en el Parque de la Memoria, basada en un boceto del artista que refería a su familia, víctima del terrorismo de Estado. Se trata de un homenaje de figuras geométricas que interactúa con el paisaje del Río de la Plata.

Aizenberg falleció el 16 de febrero de 1996 en Buenos Aires, mientras preparaba una exhibición retrospectiva de su obra en el Museo Nacional de Bellas Artes

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