Miércoles 14 de Abril de 2021

GENTE

15 de marzo de 2021

Recomiendan abordar el suicidio en toda su diversa complejidad

La alta incidencia de las tasas de suicidio, sobre todo en jóvenes y adultos mayores, obliga a que la sociedad y los distintos poderes del Estado, pero sobre todo desde el Ejecutivo, aborden la problemática de manera integral y no la escondan debajo de la alfombra. Uno de los reconocidos especialistas entrerrianos, Sergio Brodsky, conversó sobre estos asuntos con EL DIARIO y reclamó, junto a una acción más decidida de los gobiernos, que la comunidad acceda a mejor información para que pueda integrarse a las acciones de prevención

Valeria Robin
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Para el especialista Sergio Brodksy la prevención del suicidio tiene tres niveles; en todos hay que desarrollar acciones y cada una tiene su particularidad. En diálogo con EL DIARIO se refirió a la necesidad de promover la salud mental de toda la población para generar factores protectores del suicidio; establecer y diseñar acciones para la detección precoz y la identificación temprana de las situaciones de riesgo; pero también trabajar en la posvención, cuando el suicidio sucede, con el entorno social de la persona que se quitó la vida, con la idea de prevenir nuevos suicidios.

“Desde nuestra perspectiva, la problemática del suicidio no es estrictamente individual ni reservada únicamente a los especialistas. Para nosotros la prevención es comunitaria: con formación e información adecuadas todos podemos ser agentes de prevención del suicidio”, le dijo a EL DIARIO, el psicólogo Sergio Brodsky, autor de los libros “De amor y de muerte”, “Palabras para vivir, creatividad y salud mental” y “Los hijos de la desdicha”.

–¿Quiénes conforman la red provincial?

–La red provincial de voluntarios de prevención del suicidio está compuesta por Lazos en red de Concordia; SOS de Chajarí; Sintonizando vida, de Concepción del Uruguay; Llegaremos a tiempo, de Federación, y otros grupos humanos que están en plena formación. También contamos con la participación de profesionales de la salud mental de Paraná, Los Charrúas y otras localidades que brindan de manera desinteresada su tiempo y su trabajo.

–¿Por qué el suicidio es un tema del que no se quiere hablar?

–Es un tema tabú, por varias razones. En principio, porque convoca a las angustias más profundas y universales de la existencia humana, como es la muerte, que en el suicidio es un deceso con ciertas particularidades. Una de ellas es que interpela el sentido de la existencia.

En la historia de la humanidad el suicidio ha recibido una condena desde todo punto de vista: moral, social, hasta legal, porque incluso hasta en buena parte del siglo XX algunos países sancionaban penalmente los intentos de suicidio.

De todos modos, la condena con más peso ha sido la religiosa porque la mayoría de los credos interpretan (sobre todo el cristianismo) el suicidio como una afrenta al don de la vida y a Dios: en algunos momentos de la historia se les negó distintas prácticas religiosas a los suicidas y hasta eran enterrados en lugares apartados del cementerio.

– ¿Qué consecuencias devienen de esta situación?

–El problema es que estas cuestiones de orden histórico, social y cultural son un obstáculo a la hora de trabajar en lo que se llama la posvención del suicidio.

–¿Posvención?

–Es el tercer nivel en la prevención: comienza cuando ya hay un suicidio consumado. Se trabaja en la prevención con el entorno de la víctima del suicidio. El primer paso es generar espacios de desahogo, catarsis, de elaboración y procesamiento del trauma.

Y en segundo lugar se opera para identificar posibles situaciones de riesgo, porque cuando hay un suicidio se generan situaciones de riesgo en los vínculos del entorno.

Entonces, la posvención consiste en identificar las situaciones de riesgo del entorno del sujeto que se ha suicidado. El hecho de no hablar del tema, justamente, impide muchas veces esa tarea.

También son propias de la posvención las acciones de información y sensibilización, porque puede estar instalada una suerte de pensamiento mágico que lleve a creer que hablar del suicidio es inducirlo.

—¿El entorno, por lo general, es consiente y opera en consecuencia cuando advierte que alguien está mal?

–En general, el entorno (familiar, institucional, social) suele no tener conciencia o no saber cómo identificar situaciones de riesgo de suicidio y actuar en consecuencia. Por eso justamente a lo que apunta el trabajo de las redes de prevención es a sensibilizar, informar y formar a los miembros de la comunidad en todos los espacios posibles respecto a cómo identificar las situaciones de riesgo de suicidio y cómo actuar frente a ellas.

–¿Qué es lo primero que hay que hacer?

–Tomar en serio lo que está diciendo esa persona, escuchar con genuino interés y respeto, no juzgar, explicar que hay alternativas disponibles, no prometer confidencialidad, buscar ayuda ante los familiares y personas significativas, asegurarse de que la persona afectada permanezca acompañada y hacer rápidamente una consulta profesional.

Lo primero es vincularse para generar confianza, ser directo y hablar con franqueza, preguntar si la persona está pensando en el suicidio, darle sostén, alentarlo para que hable sobre lo que piensa y lo que siente.

–¿Y qué es lo que no se recomienda hacer ?

–No dar consejos, no discutir ni entrar en debate si es correcto o incorrecto, no juzgar los sentimientos, no desafiar si la persona es o no capaz de hacerlo, no jurar guardar el secreto.

Cuando hay una situación inminente de riesgo hay que tener en cuenta dos cosas. La primera es la urgencia: cuando hay una tentativa en marcha o el haber podido frustrar un intento de suicidio lo primero es proteger a la persona, que no esté sola, que permanezca acompañada todo el tiempo. Se puede consultar con una guardia hospitalaria, a fin de evaluar la situación de riesgo de suicidio y una posible internación preventiva.

En segundo lugar, propiciar un tratamiento para que tenga lugar un abordaje integral de la problemática.

Brodsky pertenece a Lazos en red, un grupo de voluntarios de la ciudad de Concordia.

—¿Qué tipo de relación puede establecerse entre la persona que se suicida y su situación económica?

–La relación es estrecha. Los suicidios atraviesan a todas las clases sociales, pero en los países más pobres o en los sectores más pobres de la población es innegable la presión que ejerce el hecho que las necesidades básicas estén insatisfechas. Las crisis económicas, sociales, culturales y de degradación ética han tenido una incidencia altísima en la tasa de suicidios. Un ejemplo es lo que sucedió en la llamada Década infame en nuestro país: la desesperanza que los problemas económicos generan, la destrucción de los proyectos individuales y compartidos, son factores que tienen una enorme influencia. Algo parecido ocurrió en el 2001 y 2002, con la finalización de un ciclo neoliberal que llevó a la destrucción del aparato productivo a una degradación ética y moral sin precedentes, en donde las tasas de desempleo y desocupación fueron escandalosas.

—¿Es un problema de salud pública el suicidio?

–Definitivamente. De hecho existe la Ley 27.130 (sancionada en 2015) aunque aún no ha sido reglamentada. De todas maneras, para establecer y concretar políticas públicas en relación al suicidio no hace falta una ley, hacen falta planes y programas de prevención, aunque la ley, naturalmente, le da otro peso.

A propósito, desde hace mucho tiempo desde las distintas redes de prevención que operan en Entre Ríos venimos solicitando a la provincia la implementación y la ejecución vía reglamentación de la Ley 27.130 y no hemos tenido respuestas.

En ese sentido nos hemos encontrado muy frustrados porque las distintas redes de voluntarios han actuado tapando agujeros. Es más, nosotros nos hemos comprometido con el trabajo en red para la prevención del suicidio desde el voluntariado precisamente por la ausencia y la carencia de políticas públicas de prevención del suicidio y por la falta de acciones concretas.

—¿Qué puede decirse respecto de las políticas públicas en materia de prevención?

–A pesar de que la Provincia adhirió a través del programa “Entre Ríos valora la vida” a la ley 27.130, desde el Estado no han tomado como una responsabilidad indelegable la concreción de políticas públicas en el abordaje de esta problemática. La idea es que los voluntarios acompañen las acciones del Estado, pero no que se hagan cargo de esta problemática tan grave.

En el año 2019 enviamos una carta al Gobernador de la provincia para conversar sobre estos asuntos y hasta ahora no hemos tenido respuestas.

Sí nos han convocado a la Red Provincial de prevención del suicidio, a través del Programa Provincial para la prevención del suicidio dirigido a adolescentes, que se formó en 2020.

El Programa provincial de prevención del suicidio dependiente de la Dirección de Salud Mental de la Provincia es un programa del cual esperamos con mucha expectativa que cumpla con las necesidades de acción de políticas públicas en esta temática. Le reclamamos una acción urgente porque el suicidio es un fenómeno que debe ser abordado de manera inmediata.

Es necesario que no se reduzcan las acciones a la prevención primaria, como está planteado en el Programa, sino que se abarquen todos los niveles de prevención, y que no sea solo para adolescentes, sino para todas las edades y situaciones de riesgo.

Nuestra idea como red es trabajar en conjunto para que realmente el programa sea una concreción y no se reduzca a una intención.

Llegaremos a tiempo, de Federación, forma parte junto a otras organizaciones de voluntarios de una red provincial dedicada a la prevención del suicidio.

ESCENARIOS

–¿Las formas de abordaje que debieron implementar por la pandemia son similares a las que estaban aplicando?

–El abordaje comunitario durante 2019 y 2020 menguó por la pandemia. No obstante en Concordia, a través del equipo de voluntarios Lazos en Red estuvimos llevando adelante una serie de acciones vinculadas a la concientización, como fueron las charlas informativas para la sensibilización, la difusión de determinada información y la formación en relación con la prevención. Brindamos charlas en al ámbito de la educación, la salud, la seguridad, entre otros.

En paralelo hicimos abordajes de posvención, en casos de suicidios de chicos; estuvimos trabajando con las escuelas a las que asistían, para acompañar y contener a sus compañeros, a los docentes y al núcleo familiar.

Antes de la pandemia realizábamos espacios de terapia de grupo, de expresión para adolescentes en situaciones de riesgo de suicidio, además de consultorías y orientaciones. Una vez desatada la pandemia- y con ella las restricciones- no pudimos seguir haciéndolo con el mismo ritmo, pero sí hubo consultas telefónicas que fueron surgiendo espontáneamente.

Y surgieron otros espacios…

–Es cierto. Uno de ellos es el taller de tejido para personas que están solas o en situación de depresión, al que asisten mayoritariamente mujeres. Esta propuesta es coordinada por Silvia Fernández. También está en marcha un espacio que se llama “De acompañados” que es para personas solas, con dificultades en la vinculación, y que coordina Fany Laner.

En Villa Elisa -que es una ciudad modelo en el trabajo comunitario para la prevención del suicidio- están funcionando muchísimos espacios de contención, de escucha, acompañamiento, todos sumamente interesantes y valiosos para su comunidad. Incluso, antes de la pandemia realizaban festivales y caminatas por la vida, en las que se recorrían los barrios compartiendo información precisa y sencilla sobre la temática a los vecinos.

Todas estas experiencias son iniciativas realizadas desde el voluntariado, lo que por un lado es meritorio, pero por otro resulta un problema porque el suicidio es una problemática muy compleja que debería resolver el Estado a través de políticas públicas y acciones concretas.

 

De la modernidad capitalista

–En las ciencias sociales el primer estudio sobre suicidio lo produjo Durkheim, ¿Es una problemática de las sociedades modernas?

– No es un problemática de la modernidad, aunque sí la modernidad ha profundizado sus complejidades. La sociedad capitalista con su imperativo del éxito, el consumo, y el sistema de explotación basado en la cosificación del hombre ha generado un campo propicio para la profundización de los suicidios. Todo esto ha derivado en un intenso proceso de deshumanización, en la reducción del hombre a una cosa, y al mismo tiempo ha establecido relaciones de propiedad y explotación que han agravado la condición humana.

En definitiva, se ha profundizado la concepción del Darwinismo social, es decir la idea de la supervivencia del más apto, y la vida como una lucha y no como cooperación.

Naturalmente, estas condiciones de la modernidad capitalista han dejado de lado las emociones, los deseos, y los sentimientos más profundos del ser humano.

 

Desde que el hombre es hombre

–¿Qué dicen sobre el suicidio las corrientes del pensamiento?

–El suicidio es un fenómeno y una problemática humana que se da desde que el hombre es hombre, es decir en la historia de la humanidad ha sido un problema abordado por las distintas corrientes del pensamiento, como la religión y la filosofía.

Las hipótesis respecto a la problemática son diversas, al punto tal que algunas orientaciones filosóficas han estado a favor de la libertad, por ejemplo, entendiendo el suicidio como un acto libre, lo cual es bastante cuestionable porque la persona que intenta suicidarse o que se suicida en general, no presenta condiciones de libertad sino más bien de alienación en relación al dolor y circunstancias que lo exceden. De hecho nosotros trabajamos en la prevención porque creemos y hemos visto innumerables casos de personas que una vez que puede resolver las situaciones dolorosas que lo han llevado a la idea o la tentativa de suicidio pueden tener una crítica respecto a su anterior visión de las cosas.

Por eso algunas líneas filosóficas han condenado al suicidio, mientras que otras lo han aceptado como parte de la libertad humana. En la Grecia Antigua, por ejemplo, era aceptado el suicidio de los amos pero no de los esclavos porque en aquella época se consideraba que el esclavo no se pertenecía a sí mismo sino al amo, y por lo tanto el suicidio era visto como un hecho de rebeldía.

Ha habido en la historia de la humanidad múltiples consideraciones filosóficas y religiosas sobre el suicidio hasta llegar a Durkheim, que se enfocó en la problemática para trabajar sobre las reglas metodológicas de la naciente sociología.

–¿Y el psicoanálisis?

–En el abordaje de las ciencias se pueden destacar dos líneas clásicas: una corresponde a los aportes de la sociología de Durkheim, y la otra corresponde al psicoanálisis.

En Durkheim aparece la idea de que ese acto, que es el más íntimo y más personal que puede desarrollar un individuo, es en realidad determinado por lo social. Es decir, lo social influye en el individuo.

El otro abordaje es el del psicoanálisis de Freud. Desde esta perspectiva se ha tratado de comprender el suicidio desde la melancolía, como una forma de disociación del sujeto en la cual una parte de la persona atormenta al yo llevándolo al suicidio.

El psicoanálisis ha aportado el concepto de “series complementarias” desde la constitución subjetiva, es decir la sumatoria de las vivencias infantiles y las situaciones actuales que desencadenan el suicidio. Hay una relación de complementariedad (serie complementaria) entre esos elementos: cómo se constituye un sujeto, si es deseado o no desde su nacimiento, cómo viene al mundo, si es valorado por su familia, hasta el abandono en la infancia. En esa línea, la psicoanalista Melanie Klein desarrolló la idea de que hay una orfandad en las experiencias infantiles de los potenciales suicidas, un sentimiento ante nuevas pérdidas se resinifica y llevan al suicidio.

Sergio Brodsky integró el servicio de Salud Mental del Hospital Felipe Heras de Concordia.

En primera persona

Mi nombre es Sergio Brodsky, soy psicólogo y pertenezco a Lazos en red, un grupo de voluntarios para la prevención del suicidio que se originó en Concordia, a mediados de 2019.

A nivel personal, comencé a trabajar en el tema del suicidio en el año 2001. Actualmente estoy jubilado. Fui parte del servicio de Salud Mental del Hospital Felipe Heras de Concordia.

Lo que me motivó a trabajar el suicidio desde una perspectiva preventiva y comunitaria fue el hecho de que en esos años – crisis económica, social y ética mediante- se registraron muchísimos intentos de suicidios. Aunque hubo un aspecto es particular que me llevó a pensar el suicidio desde la prevención en la comunidad: en la enorme cantidad de los casos de tentativa de suicidios y según datos arrojados por las investigaciones que se han hecho de los suicidios consumados, el suicidio no es una acto impulsivo y por lo tanto imprevisible e imposible de prevenir. Es la acción final de un proceso que va dejando en su construcción y en su camino múltiples señales de advertencia, indicadores de riesgo, que se pueden detectar. Por eso mismo no se habla de las causas del suicidio sino de factores de riesgo, porque el suicidio tiene una complejidad causal, no una causa simple. Y estos factores de riesgo son circunstancias propias del sujeto o de su ambiente socio-cultural que incrementan y aumentan las posibilidades del riesgo de suicidio.

Entonces teniendo en cuenta esos indicadores, podemos identificar y detectar esa construcción suicida que va desde la idea hasta la decisión de suicidarse, pasando por la duda o la consideración del suicidio. Hay que entender que es un camino, y no un acto impulsivo.

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