17 de mayo de 2020
Por miedo al COVID-19 ha bajado un 60% la atención de pacientes infartados
Afirman que las Unidades Coronarias están despobladas y que los infartos siguen ocurriendo con la misma incidencia, pero en domicilios. Por ello, emitieron recomendaciones para la utilización de procedimientos terapéuticos y diagnóstico.

La cuarentena estricta implementada en forma temprana en el país, aunque exitosa en la contención del coronavirus, está teniendo consecuencias negativas involuntarias sobre la salud de los pacientes cardiovasculares que pueden tener un costo tan elevado como lo que se intenta evitar, reflexionan desde la Sociedad Argentina de Cardiología y la Federación Argentina de Cardiología.

"Como consecuencia de la cuarentena, se han cerrado la mayoría de las agendas de los consultorios ambulatorios en las Instituciones públicas, y privadas del sistema de salud. Los pacientes están postergando sus controles médicos y tienen dificultad para conseguir las recetas, limitando el acceso a la medicación. El mensaje generalizado, particularmente a los pacientes de mayor edad, es el de no acudir a los hospitales para evitar el contagio. Esto está induciendo a que las personas que desarrollan síntomas demoren su atención, lo que puede empeorar su pronóstico. Hoy las Unidades Coronarias están despobladas también en nuestro país. La hipótesis es que los infartos siguen ocurriendo con la misma incidencia, pero los pacientes los padecen en sus domicilios; en muchos casos con resultados fatales que recién se contabilizarán despejada la epidemia", precisan los expertos de ambas instituciones.

En las últimas dos décadas, Argentina logró reducir la mortalidad cardiovascular en un 30% mediante múltiples intervenciones que están siendo postergadas durante la pandemia por SARS-CoV-2, en la que se observó incremento de morbimortalidad de varias enfermedades, con marcado predominio de la Enfermedad Cardiovascular. Las causas más relevantes de este fenómeno son el no consultar por temor al contagio y la postergación de los estudios e intervenciones cardiovasculares.

José Luis Navarro Estrada, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), indicó a Infobae que en los últimos dos meses han bajado un 60% de admisiones en las instituciones médicas por infartos producidos. "Pero los infartos se siguen sucediendo. No se han detenido y eso nos genera mucha preocupación", afirmó.

"Los más sombríos pronósticos que se podía imaginar no están sucediendo. Los hospitales y centros de salud no están saturados con pacientes con COVID-19 y tienen capacidad ociosa en cuanto a consultas e intervenciones. Desde la SAC y la FAC elaboramos un documento en el que establecemos distintos grados divididos en fases de procedimiento, de acuerdo a la demanda de cada centro de salud, para que vuelvan a atenderse las personas por problemas cardiovasculares en los consultorios y también tengan lugar los procedimientos quirúrgicos programados, en la medida en que no nos desborde el coronavirus", agregó el experto.

El texto elaborado está destinado a ser utilizado como recomendación para el manejo de estudios y procedimientos cardiovasculares en situación de pandemia. La decisión de postergar o no los estudios y procedimientos en pacientes cardíacos debería tomarse en función de la disponibilidad de recursos, camas y equipo de protección personal. Para ello proponen las siguientes fases.


- Fase 0: Siempre y cuando el sistema de salud pueda asimilarlo y existan medidas de protección adecuadas, los centros de salud deberán continuar el cuidado de los pacientes según indicaciones clínicas avaladas por guías vigentes de la Sociedad Argentina de Cardiología y de la Federación Argentina de Cardiología y guías médicas del resto del mundo. Una vez superada una ocupación de camas de 80%, asociada a un incremento de internaciones por COVID-19 de más del 20%, se deberá continuar con la siguiente Fase 1.

- Fase 1: Ausencia de recursos suficientes o ante la eventualidad de una inminente saturación de recursos institucionales inducidos por pacientes con COVID-19, definida como una ocupación de recursos relacionados que ponga en riesgo el cuidado apropiado de otras enfermedades y/o no disponer con protección personal para aquellos que acudan al centro de salud-, se deberá suspender la programación de procedimientos electivos. La programación de procedimientos electivos se realizará mediante un TRIAGE sugerido.

- Fase 2: Recuperación transitoria o parcial de recursos institucionales o una vez que se logre reducir la ocupación de camas por debajo el 80% (con casos de COVID-19 en descenso, por debajo el 20%) y suficiente equipamiento de protección personal a nivel institucional, pueden programarse procedimientos electivos no postergables, que deberían ser realizados dentro de los 3 meses de indicados según la Tabla 1.
- Fase 3: Recuperación que permite hacer procedimientos no postergables o una vez satisfecha la programación de pacientes electivos no postergables y se cuente con disponibilidad de camas para continuar la programación de procedimientos, se podría programar pacientes electivos postergables según Tabla 1.

- Fase 4: El sistema de salud se considera con bajo riesgo de COVID-19 o una vez que el Gobierno nacional y Ministerio de Salud de la Nación desistan de medidas relacionadas al COVID-19, se considerará fin de la pandemia en nuestra región, volviendo a la práctica habitual previa a la pandemia.

Aspectos relevantes de las fases:

1. El compromiso de recursos de salud se define a nivel centro de salud o institucional. Es posible que centros de salud de ciertas regiones de la Argentina tengan comprometida la disponibilidad de recursos mientras que otros estén con capacidad ociosa y fuera de riesgo de un pronto consumo por COVID-19. Esta probable heterogeneidad no debería impactar en el funcionamiento de áreas que pueden continuar brindando salud normalmente, o con menores dificultades.

2. Ausencia de equipamiento de protección adecuada o su mal uso puede llevar a que ciertos estudios o procedimientos tengan que ser postergados por ausencia de personal calificado y disponible por contagio o cuarentena, a pesar de contar con camas y material de protección suficiente.

3. Las fases no son estáticas ni unidireccionales. En caso de no observarse un consumo de recursos de nivel preocupante en toda la temporada de la pandemia, es probable que no se pase nunca a fase 1 y se pueda continuar con la programación de consultas, estudios y procedimientos con normalidad. En caso de entrar en fase 1, es posible pasar a fase 2 o 3 y volver a 1 o 2 según la evolución de los consumos de recursos de salud.
4. Es posible que el consumo de recursos por COVID-19 sea gradual, lo que podría indicar la conveniencia de pasar de la fase 0 a la fase 2 o 3 directamente, sin pasar por fase 1 donde solo se realizan emergencias y urgencias.

5. Durante la fase 1, puede suceder un colapso severo transitorio el cual obligue a postergar urgencias unos días.

6. Se recomienda volver a evaluar el estado de recursos entre una o dos veces a la semana para evaluar en qué fase se encuentra la institución y por lo tanto decidir qué procedimientos deberían ser programados.

7. Si bien se sugiere un porcentaje de ocupación de camas, es probable que diversas instituciones requieran mayores o menores porcentajes de ocupación para comprometer su capacidad de tratar urgencias y emergencias durante la temporada de pandemia. Lo mismo se aplica al equipo de protección personal disponible según el volumen de atención de cada centro.


8. Durante las fases 1, 2, y 3, se dará prioridad a los procedimientos que permitan un alta más precoz de los pacientes para evitar un consumo excesivo de recursos de salud.

9. Tanto las fases como la tabla de TRIAGE son sugerencias de manejo. El juicio clínico y las circunstancias locales podrían alterar el orden o contenido de esta guía.

a. Las consultas y estudios ambulatorios indicados continuarán realizándose mientras se cuente con los recursos institucionales. Los estudios diagnósticos no invasivos son esenciales para estratificar el riesgo y, por lo tanto, indispensables para determinar el momento oportuno de intervenciones.

b. Se priorizará la consulta virtual, siempre y cuando sea suficiente para el médico tratante y para la necesidad del paciente de contacto directo.
c. Se implementarán rigurosos protocolos para evitar la propagación del SARS-CoV- 2 cuando los pacientes contactan personalmente las instituciones de salud.

Finalmente, se insiste en la necesidad de comunicar a la población que las instituciones médicas han tomado recaudos de seguridad para atender tanto a los pacientes infectados como a los que no lo están.

Infobae.



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