Domingo 17 de Enero de 2021

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19 de abril de 2019

Viernes Santo ayer; Viernes Santo siempre

Un viernes de hace más de 2000 años, al hombre se le ocurrió matar a Dios. Las razones no sólo fueron religiosas, como siempre se habla.

Este crimen se cometió contra Dios, porque Él, se hizo hombre para asumir nuestros sufrimientos, para hacerse uno con nosotros. Es decir ese viernes no sólo se crucificó a Dios, sino también al Hombre. Acto demencial e inhumano que se repite a lo largo de nuestra historia. Cada vez que un niño migrante es separado de su familia, o muere por falta de alimentos. Cada vez que bombas caen sobre un pueblo indefenso, matando, mutilando. Cada vez que se usa la tortura y toda clase de violencia sobre una persona, sea por el motivo que sea.

 

Es que a Dios se le ocurrió decir “Felices los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Un Dios que dijo a los pobres “lo tendrán siempre con ustedes”, si unos pocos acaparan toda la riqueza como “el rico epulón”, que solo permitía que comieran las migajas que caían de su mesa.

 

Un Dios que tuvo “la mala idea” de identificarse con los más pequeños, con los excluidos de la sociedad, con los perseguidos. Y eso molestó a los ricos y poderosos y aún hoy sigue molestando. Por eso e irónicamente se lo sigue crucificando, muchas veces en nombre de “Dios”.

 

Viernes, que hoy llamamos Santo porque ese día, torturado, humillado, clavado en la cruz muere Cristo, el Hijo de Dios, para los cristianos, por todos nosotros, perdonando a quienes lo mataron, como dándoles una oportunidad más para arrepentirse y comenzar un mundo nuevo en Paz, para todos. Pero ellos, pretendieron sepultarlo y taparlo con una gran roca, muy pesada. No sea cosa que resucite como había prometido y haga realidad el Reino de Justicia para todos los hombres del mundo, sin excluidos.

 

Es cierto, los religiosos de esa época, representados por un sacerdote, se rasgaron las vestiduras, porque este pobre hombre se proclamaba Dios. No era el Dios que querían, guerrero, egoista como ellos, sin amor como ellos, (que veían un hombre herido y desviaban su camino por temor a quedar “impuros”). Un Dios que erigió un solo templo sagrado, que no era de ladrillos, y que todos debemos proteger, el ser humano. El hombre es el verdadero Templo de Dios, con el primero que debemos ser solidarios y generosos. Después de cuidar lo demás, como obra del hombre ofrecida a su Dios. No podemos decir que nos duele la destrucción de un templo de cemento y piedras, si no nos conmueve ver el templo humano construido por Dios, desfigurado como su Hijo en el Sanedrín, por la injusticia y el egoísmo de sus hermanos, los hombres.

 

Viernes Santo, día para detener nuestra marcha, elevar nuestra mirada hacia el crucificado, con los brazos abiertos, ofreciendo su perdón, su amor a toda la humanidad, para que comencemos a construir su Reino de Justicia y Paz.

 

Viernes Santo, día que debemos abrir nuestro corazón frente a la Cruz del dolor, donde está Cristo, porque desde allí nos ofrece tímidamente esa luz Pascual que comienza a iluminar nuestras vidas. Por eso no olvidemos que una cruz sin Cristo, pierde vigencia, porque solo Él, a ese instrumento de tortura y muerte lo transformó en símbolo de Amor y Salvación.

Y como decía un gran creyente, una frase que alimenta nuestra esperanza de un mundo mejor, a pesar de todo “Siempre que hubo un Viernes Santo, hubo también un Domingo de Resurrección”.

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