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17 de enero de 2019
El país vuelve a entrar en un severo período de estanflación
Una vez más, Argentina ingresó en una coyuntura económica tan complicada como poco habitual: estancamiento con alta inflación. En este caso, la caída del Producto Interno Bruto es más profunda que en ocasiones anteriores en la última década; y la suba de precios, más elevada.

Cuando el próximo 21 de marzo, el Indec publique los resultados del informe de avance del nivel de actividad para el último tramo de 2018, el país encadenará –oficialmente– tres trimestres consecutivos de caída del Producto Interno Bruto (PIB). Así, habrá ingresado, una vez más, en uno de los ciclos más temidos de la economía: la estanflación.

En este caso, con una baja en la actividad mucho más pronunciada que la registrada en ocasiones previas en esta misma década, y con una inflación mayor.

Ayer, el Indec dio el dato de 2018: 47,6 por ciento, el aumento anual de precios más elevado desde 1991.

Como su nombre lo indica, la estanflación se refiere a la coyuntura económica en la que, dentro de una situación inflacionaria, se produce un estancamiento y el ritmo del incremento de los precios no cede.

No hay un consenso riguroso entre los especialistas acerca de cuándo se comienza a padecerla. De hecho, ni siquiera es un término estrictamente técnico. Sin embargo, si se acumulan tres trimestres seguidos de caída (algunos dicen que bastan sólo dos), en un contexto inflacionario relativamente alto y creciente, el diagnóstico es concluyente: estanflación.

El término fue acuñado en Gran Bretaña en 1965 por el político conservador Iain Macleod, quien hablando de las complicaciones de la economía del país en el parlamento, dijo: “Ahora tenemos lo peor de ambos mundos, no sólo inflación, por un lado, y estancamiento, por otro, sino los dos problemas juntos, una especie de estanflación (stagflation)”.

En circunstancias normales, la inflación cae en una recesión porque los salarios pierden poder de compra y los consumidores y las empresas gastan menos, por lo que hay una menor demanda de bienes y servicios, lo que hace bajar su precio. Esto se potencia aún más si, además, el Estado se contrae, como está ocurriendo en la Argentina con la meta de no emisión del Banco Central y el objetivo del déficit cero.

Sin embargo, estimando el dato del PIB del cuarto trimestre de 2018 en un muy optimista cuatro por ciento de caída (algunas consultoras privadas prevén que será peor), la economía argentina acumulará un 8,8 por ciento de retroceso desde abril (cayó cuatro por ciento en el segundo trimestre y 0,7 en el tercero, desestacionalizados). Condición uno, cumplida.

Al mismo tiempo, otro requisito: la inflación interanual promedio de los mismos tres períodos fue del 36,3 por ciento. Altísima por donde se la vea.

Y un ingrediente final: la inercia. Entre el segundo y el cuarto trimestre, el aumento de precios interanual se aceleró en casi 20 puntos porcentuales (de 27,3 a 46,5 por ciento). “Desde una posición técnica, la economía entró en estanflación dado que ya acumula tres trimestres consecutivos de contracción del PIB en un contexto de inflación elevada y creciente”, dice Juan Pablo Carranza, investigador de la UNC y de la UE Siglo 21, y director del Instituto de Investigaciones Córdoba-Ciudad.

Según el economista, un escenario de estas características es complejo porque al tratar de resolver un problema, se agrava el otro. “Una receta clásica para bajar la inflación es elevar las tasas de interés y tratar de eliminar el déficit fiscal. Sin embargo, esto impacta de lleno en el nivel de actividad y profundiza el panorama recesivo. Por otro lado, las políticas tradicionales de estímulo a la demanda que buscan salir del estancamiento incrementan el gasto público y tienen impacto directo sobre la inflación”, explica.

Virginia Giordano, coordinadora de investigaciones del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), coincide en que se está en un período de estanflación al que le resta aparecer aún una variable: la desocupación. “También se suele decir que tiene que haber una tasa de desempleo alta. La Argentina está todavía en un nueve por ciento, es un valor relativamente bajo. Hay que ver cómo se comporta en los próximos meses”, agrega.

En la misma línea avanza el último informe del Centro de Estudios de la Nueva Economía de la Universidad de Belgrano. Allí se advierte sobre el tema diciendo que es un “fenómeno poco frecuente” y lo califica como “el peor de los mundos posibles”. “La caída de la actividad económica iniciada a partir de la devaluación coincidió con un pico en la inflación”, dice el estudio titulado La estanflación está entre nosotros.

Lo que viene

A diferencia de otros episodios similares de esta década, será muy difícil que se pueda revertir en el corto plazo. Basta decir que el relevamiento de expectativas de mercado del Central habla de una inflación para 2019 en torno al 29 por ciento, mientras que el Banco Mundial proyecta una caída del PIB cercana al 1,7 por ciento. “El 2019 estará marcado por la estanflación”, dice Carranza.

Para Giordano, la apuesta del Gobierno de “combatir la inflación con una alta tasa de interés está prolongando la recesión”. La economista dice que el equipo del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, espera que “al caer la inflación, se pueda bajar la tasa de a poco; y la economía tendería a reactivarse”. ¿Cuándo se verá esa mejora? “Es difícil decirlo”, advierte Giordano. “El Gobierno dice que luego del primer trimestre; lo cierto es que no sería antes del segundo semestre”.

Un pleno al campo

La suerte de 2019 pareciera estar depositada, una vez más, en una buena cosecha. “Esta mutua exclusión entre las pocas herramientas con las que cuenta el Gobierno y los objetivos a alcanzar invitan a esperar un milagro. Y en Argentina, el milagro siempre viene de una buena cosecha, ya que sus efectos se traducen en un aumento de las exportaciones, lo que impulsa la demanda agregada y el nivel de actividad”, analiza.

Los buenos números del campo se traducirían en una mayor entrada de divisas, lo que contribuye a apreciar el peso y a contener la inflación.

Una década en el sube y baja

No es la primera vez que en la última década, Argentina inicia un período de estanflación. Sin embargo, este amenaza con ser mucho más grave y prolongado, y con consecuencias más severas.

Entre el cuarto trimestre de 2008 y los dos primeros de 2009, hubo tres períodos consecutivos de caída del PBI, acumulando una baja del 10,5 por ciento (desestacionalizado), con una inflación promedio interanual entre los tres trimestres de 11,5.

En los dos primeros trimestres de 2012, el producto bruto cayó 4,5 por ciento, con una inflación que avanzaba a una velocidad del 14 por ciento.

Dos años después, entre el cuarto tramo de 2013 y el tercero de 2014 el PBI acumuló una baja de 3,9, con una inflación promedio -entre esos trimestres- del 27,8 por ciento.

Al final del gobierno de Cristina Fernández y al comienzo del de Mauricio Macri, también hubo un período de este tipo. El PBI cayó 3,5 y la inflación: 31 por ciento.

Ahora, estimando (generosamente) una caída del cuatro por ciento para el cuarto trimestre de 2018, el acumulado en la baja del PBI alcanzaría el 8,8, con una inflación promedio en los tres trimestres altísima: 36,3 por ciento.



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